Luego de lo que me dijo me quedé idiota, no imaginé que me había visto en plena práctica del voyeurismo, fusionado con el onanismo al que no soy ajeno. Solo me dio un beso en la mejilla y regresó a la habitación de mi hermana.
Ordenamos pizza para cenar, nadie tenía ánimos de preparar ni un huevo frito, comimos en silencio mientras veíamos uno de esos programas de celebridades que tanto entretienen a las chicas. La noche siguió igual de indiferente, salvo para Verónica y Ximena que no había motivo para que no charlaran entre ellas.
Ya tarde, mi hermana me pidió que le preparara la habitación de huéspedes a Verónica… como si no supiera que la pasarían mejor en su cuarto; así lo hice y me dispuse a prepararme para dormir. Pensé que el agua de una ducha tibia enjuagaría mis angustias, así que me metí al jacuzzi que tienen mis padres en su habitación. Escuché unos ligeros pasos…
- ¿Ximena, eres tú?
- Frío, frío, muy frío y eso que estás en agua tibia.
- Verónica… ¿q-q-qué haces aquí? – dije sumergiéndome hasta el cuello.
- Dejaste la puerta abierta, para mí eso es una señal.
- ¿De qué hablas?, debo haberme olvidado de cerrarla.
- Por favor, sé que me deseas, ésta es tu oportunidad y no tienes porque esconderte de mí…
- No te entiendo. Primero te acuestas con mi hermana, ahora me coqueteas… ¿qué buscas?
- Solo divertirme un poco, ya sabes… pasarla bien todo lo que pueda.
- Creo que terminó mi baño, mejor me voy; aunque sea hazme un único favor y pásame esa toalla – dije bastante incómodo.
- Si quieres la toalla, ven por ella – se sonreía sarcásticamente.
- ¡No tengo tiempo para tus juegos!
Salí del jacuzzi sin importarme estar desnudo y tomé la toalla; aprovechando mi distracción, Verónica se apresuró a cerrar la puerta del baño y se fue acercando poco a poco a mi, mientras se despojaba de sus prendas muy lentamente. Si ella era mi fantasía… ¿por qué no aprovechar este momento?
Algo dentro de mí se había decepcionado de la actitud de Verónica, pero otro tanto la deseaba más que nunca. No perdió tiempo y me arrebató la toalla antes de que pudiera ponérmela…
- Parece que el buen físico viene de familia; primero Ximena y ahora tú.
- No-no-no debería estar haciendo esto.
- Es lo que deseas, puedo verlo en tus ojos, veo como me desvistes con la mirada, esa mirada de lujuria.
- Creo que te equivocas.
- Nunca me equivoco en estas cosas. Además tu “amigo de ahí abajo” me indica lo mismo.
Ya no tenía salida, había quedado en evidencia y la verdad era que no podía dejar pasar una oportunidad así.
CONTINUARÁ…
